Presentación del tema
de la V Convención Europea
Acto psicoanalítico y posición del inconsciente
Colette Soler
En “Radiofonía”, ante una pregunta que se le formula sobre “la noción de inconsciente”, Lacan responde: el inconsciente no es una noción, “el inconsciente es”. Añadamos que, si es, lo es para todos los hablantes. Un ser curioso, sin embargo, ya que el texto de 1964, “Posición del inconsciente”, imputa la responsabilidad de este ser al psicoanalista: como si necesitara un intercesor para que su presencia transforme al sujeto, es decir manifieste su división.
El psicoanalista, o más bien su acto, es entonces responsable de la presencia del inconsciente, lo que le incluye en el concepto mismo de inconsciente. Tal es la tesis que nuestra V Convención Europea se propone desplegar y someter a estudio.
No hay nada en esta presencia del inconsciente que no suponga la estructura del lenguaje y de la palabra. Del lenguaje, cuyos equívocos aseguran precisamente la presencia de incógnito en la palabra de significantes desconocidos para el sujeto, cuya dimensión éxtima solo el descifrador le permitirá atrapar; y de la palabra, que no consiste jamás sino en el Otro, el oyente que decide sobre lo que será dicho, o el “partenaire que tiene oportunidad de responder1” sobre el decir.
Es así por el acto del analista que la división del sujeto se revela y se verifica en el procedimiento freudiano. Es “falla” dice Lacan.
Ella separa al sujeto de una parte de sí mismo, pero ¿cuál?
Esta división es en efecto solidaria, más allá de la estructura del lenguaje, del “efecto de lenguaje”, que es otra cosa: la sustracción operada por todo significante y que recibe el nombre de “objeto perdido” en Freud, “objeto a” en Lacan, es decir, “lo que falta2”.
En el lazo entre un analizante y su psicoanalista, es el lugar que ocupa este último en el horizonte del sujeto supuesto al saber que la transferencia le imputa ser. Este objeto, en el acto “que no piensa”, es el que “es activo”, como en todo acto verdadero. Opera a lo largo de toda la cura para presentificar la hiancia estructural del sujeto representado por la cadena de sus palabras asociadas, sus S1, – hiancia que, el objeto substantificado colma, por el contrario, en el fantasma. Queda entonces, del otro lado de la falla donde la transferencia llega a su fin, la parte inalcanzable del inconsciente “saber sin sujeto”, S2, Otro absoluto, que no “determina” al sujeto, pero asegura la coalescencia del lenguaje y del goce, claramente legible según Lacan3 desde el síntoma de la fobia.
1 “Introducción a la edición alemana del primer volumen de los Escritos”
2 “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI”
3 “Reseña de El acto psicoanalítico”
El acto analítico o más allá del deseo del analista
¿Qué nos enseña la confrontación de El acto psicoanalítico, Seminario de 1967-68, con “Posición del inconsciente”, Escrito de 1964?
Una primera respuesta nos la da Colette Soler en su presentación del tema de esta V Convención Europea, cuando evoca que el inconsciente no es una noción, “el inconsciente es” (“Radiofonía”, 1973), simplemente ex-siste y se experimenta en acto, a diferencia de lo que leemos en “Posición del inconsciente”, donde Lacan dedica unos parágrafos a desplegar lo que es y lo que no es el inconsciente, predicación del ser del inconsciente. Un paso entonces del ser a la ex-sistencia, que condiciona el desarrollo de la noción de acto analítico – expuesto a lo largo de los Seminarios 14 y 15 y sus respectivas Reseñas.
¿Qué implicaciones y qué consecuencias tiene este paso?
Del lado de las implicaciones destaca el recurso necesario a la lógica y a la topología, para poder formular un nuevo estatuto del objeto a, un estatuto de consistencia lógica, que desborda su concepción de objeto causa de deseo, y por otra parte lo despega de sus sustancias episódicas, vigentes aún en “Posición del inconsciente”.
En cuanto a las consecuencias, destacamos una de peso, señalada también por Colette Soleri. Se trata del desplazamiento, en la dirección de la cura analítica, del deseo del analista al acto analítico. El acto analítico posibilita a Lacan salir del impasse del deseo del analista, impasse porque – como todo deseo – no se puede decir; por el contrario el acto analítico se mide por sus consecuencias efectivas: hay un antes y un después, el acto cambia al sujeto. Esta experiencia requiere de una determinada posición del analista en la cura: “El psicoanalista se hace objeto a. Se hace, entiéndase: se hace producir; objeto a, con el objeto aii”. Desde esta perspectiva el final del análisis y la experiencia del pase adquieren un interés nuevo, imponiéndose el examen de la relación entre atravesamiento del fantasma y acto analítico.
Por otra parte, en cuanto a la clínica psicoanalítica, no estaría de más repasar las diferentes manifestaciones del acto en la cura: acting out y pasaje al acto, y estudiar su diferencia con el acto analítico, no siempre fácil de precisar, en particular en el caso del acto analítico de salida del análisis y el pasaje al acto. Lacan extiende incluso a la sublimación, “fruto típico de la situación analíticaiii”, el alcance de la repetición propia del acto, lo que introduce aún otra perspectiva de estudio.
Abrimos por tanto aquí algunas vías de reflexión sobre las que – además de otras que sin duda surgirán – desearíamos escuchar aportaciones en nuestro encuentro del 2 al 4 de julio 2027 en Paris, les animamos entonces vivamente a ello.
Ana Martínez
Barcelona, octubre 2026
i C. Soler, Acto analítico, conferencia dictada en el Seminario Escuela de la EPFCL-FFCLE, 01/03/2024, video colgado en www.ffcle.es
ii J. Lacan, “El acto psicoanalítico”, Reseña del seminario 1967-1968, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 399.
iii J. Lacan, El seminario, Libro 14, La lógica del fantasma, Buenos Aires, Paidós, 2023, p 168.